Iris Luna

¿Soy realmente deforme?

¿Cómo reconocer y afrontar la fealdad imaginaria?

«Lo bello es el comienzo de lo terrible que los humanos podemos soportar». Rainer María Rilke.

PARA REFLEXIONAR: 

La triste historia de la mujer ventilador.

Aka Hang Mioku es una ex cantante coreana de más de cincuenta años de edad, quien ha recibido mucha publicidad en los últimos tiempos y se ha convertido en un motivo de reflexión para los cirujanos plásticos en todo el mundo.

Esta mujer asiática era bella y talentosa en su juventud, pero secretamente se sentía atormentada con el aspecto de su rostro, el que consideraba deforme. Se sometió a una primera cirugía facial a la edad de 28 años y desde ese momento le fue imposible dejar de visitar los quirófanos de los cirujanos estéticos de su localidad para someterse a un proceso de transformación de su rostro (durante veinte años de su vida). Cuando hubo agotado las posibilidades quirúrgicas en su país, se trasladó a Japón para continuar con los tratamientos estéticos de su cara. Operación tras operación el rostro de Hang Mioku comenzó una progresiva desfiguración; no obstante ella no podía parar, dedicando todos sus esfuerzos y tiempo a conseguir su objetivo. Los cirujanos plásticos se negaron a seguir interviniéndola y la remitieron a psiquiatría al sospechar la presencia de un severo trastorno mental en Hang Mioku. Ella desistió pronto del tratamiento psiquiátrico y siguió buscando sin mucho éxito un cirujano que la operara nuevamente. Finalmente encontró a un profesional inescrupuloso que estuvo dispuesto a inyectarle rellenos faciales de silicona líquida y quien además le facilitó las jeringas y la sustancia para que la mujer continuara con el tratamiento de belleza  en casa. Una vez se le terminó la silicona y no pudo obtenerla de nuevo, recurrió a medidas desesperadas, y terminó aplicándose grandes cantidades de aceite de cocina en las mejillas terminando de arruinar su rostro (Severo edema, celulitis y deformidad facial). Su caso llamó la atención de los medios de comunicación y los vecinos; incluso, algunos niños del barrio  la apodaron «La mujer ventilador», por el enorme tamaño de su cara en comparación con su pequeño cuerpo.

El caso de esta mujer ha servido para que en Corea del sur (que cuenta con el mayor número de cirujanos estéticos por cabeza del mundo) se abra un gran debate acerca de las cirugías estéticas y las llamadas pacientes quirúrgicas insaciables que pueden corresponder a casos no diagnosticados de Trastorno Dismórfico corporal.  Algunas de estas pacientes en su desespero por mejorar su aspecto físico se someten a lo que ha sido llamado por el investigador Veale («D.I.Y» representando las siglas de Do It Yourself, «hazlo tu mismo»), es decir, una intervención de tipo quirúrgico realizada de forma «casera» y por la misma persona con el fin de cambiar su aspecto.

Desear una imagen perfecta no significa padecer un trastorno psicológico, pero cuando la preocupación por el cuerpo y la insatisfacción con este no se adecuan a la realidad, ocupan la mente con intensidad y frecuencia en forma de ideas sobrevaloradas y generan malestar, lo que interfiere negativamente en la vida cotidiana; entonces se pueden convertir en un problema serio.

En éste artículo quiero hablarles de una enfermedad bastante extendida por todo el mundo y que se asocia a un verdadero calvario para quienes la padecen. La mayoría de personas con Trastorno Dismórfico corporal (TDC) no consultan a los servicios de salud mental. Estas personas piensan que se trata de un problema físico real , y suelen gastar mucho tiempo, dinero e infinidad de recursos para mejorar su supuesta apariencia desastrosa; infortunadamente un gran porcentaje de ellos termina deformando su cuerpo (en realidad) debido a los tratamientos repetitivos que siempre les generan insatisfacción.

El trastorno Dismórfico corporal (TDC) se caracteriza por una preocupación excesiva a causa de un defecto físico leve o imaginado; puede generar un deterioro marcado en el funcionamiento general de quien lo padece y una pésima calidad de vida. El TDC se encuentra clasificado dentro del grupo del Trastorno Obsesivo Compulsivo y trastornos relacionados en los criterios diagnósticos del DSM-5.

Es un trastorno relativamente frecuente: 0,7% a 2,4% de las muestras de la comunidad, del 2% al 13% de las muestras de los estudiantes no clínicos, y el 13% de los pacientes psiquiátricos hospitalizados.

¿CÓMO SOSPECHAR QUE ALGUIEN PADECE DE TDC?

La persona con TDC  tiene las siguientes características:

  1. Presenta una preocupación constante por uno o más defectos o imperfecciones percibidas en el aspecto físico que no son observables o carecen de importancia para las otras personas,
  2. En uno o más momentos durante el curso de la enfermedad, la persona ha realizado conductas (por ejemplo, mirarse en los espejos, asearse excesivamente, pellizcarse la piel, camuflarse con maquillaje o sombreros, revisar una y otra vez la zona que le parece deforme) o actos mentales (por ejemplo, comparar su aspecto físico con los demás) repetitivos como respuesta a su preocupación por el aspecto físico.
  3. Esta preocupación causa un gran malestar en la persona, aislamiento, deterioro social, fracaso laboral y daño en otras áreas importantes de su funcionamiento general.
  4. La preocupación por el aspecto físico no tiene su explicación en la inquietud acerca del tejido adiposo o el peso corporal en una persona cuyos síntomas cumplen los criterios diagnósticos de un trastorno alimentario.

En los últimos años se ha descrito otra nueva presentación del TDC, y ha sido acuñada por Pope con el término de «Dismorfia muscular» ó «Complejo de Adonis»; esta variedad de TDC se caracteriza por una preocupación patológica con respecto al tamaño del cuerpo y la musculatura y parece estar creciendo en prevalencia y severidad entre los varones occidentales. Estas personas viven muchas horas dentro del gimnasio, suelen aplicarse grandes dosis de sustancias anabólicas, sobre esforzar el cuerpo y nunca están satisfechas con los resultados obtenidos.

¿QUÉ TAN DELICADO ES EL PROBLEMA?

El TDC es pues un trastorno mental delicado y vergonzante que genera una imagen distorsionada del propio cuerpo. Se debe sospechar el diagnóstico en aquellas personas que son extremadamente críticas de su físico o imagen corporal, aunque no presenten un defecto o deformación que lo justifique. Los que padecen de dismorfofobia frecuentemente evitan el contacto social e, incluso, mirarse en el espejo, por miedo a ser rechazados por su fealdad. O pudieran hacer lo contrario: mirarse excesivamente en el espejo y criticar sus defectos. Sus principales obsesiones son: la piel, cara, genitales, arrugas, dientes, pecho, nalgas, cicatrices, asimetría facial, vello facial, labios, nariz; esto causa en la vida cotidiana un deterioro en los escenarios laboral, educativo, relaciones interpersonales y otras áreas de su vida, lo que incluye, en ocasiones, evitar aparecer en público e ir a la escuela o a trabajar. En casos extremos, se pueden producir intentos de suicidio. Las personas que padecen de TDC suelen convertirse en asiduas visitantes de dermatólogos, centros de estética y cirujanos plásticos. A muchas de ellas se les dice que son «adictas a la cirugía estética», y , por lo general viven cambiando de profesionales porque no quedan satisfechas con los resultados, sometiéndose a muchas reintervenciones, con resultados cada vez más desastrosos.

El TDC fue inicialmente denominado dismorfofobia en 1886, por Enrico Morselli,  quien describió esta patología como: una «obsesión sobre un defecto imaginario en la apariencia corporal externa». En 1903, Janet habló de «La obsesión por la vergüenza del propio cuerpo» que implica el gran temor a ser visto ridículo ó deforme»; el mismo autor definió el sentimiento de profundo temor que expresa el paciente por ser como se es, con el añadido de sentimiento de injusticia. Por otra parte, estudios recientes señalan que  los individuos con TDC presentan unas diferencias fundamentales con las personas sin TDC en el procesamiento de visualización de otras caras. Hay una predominancia de la actividad en el lado izquierdo y baja frecuencia espacial ante  rostros normales lo que sugiere en estos individuos la codificación y análisis de los detalles más bien que un proceso de observación holístico.

Generalmente los pacientes con TDC llegan a la consulta psiquiátrica gracias a las manifestaciones clínicas de otras enfermedades que casi siempre acompañan al trastorno (depresión/ansiedad). Solo una pequeña proporción de pacientes con TDC revela sus síntomas a su psiquiatra tratante. Se ha determinado que las causas más comunes de esto son: vergüenza, temor a ser juzgado negativamente. Esto es consistente con las observaciones clínicas -quejas del paciente con TDC pueden ser trivializadas o erróneamente confundidas con «vanidad»-

Como anotamos antes, el TDC tiene un curso crónico y se acompaña de visitas repetidas al médico «Dr. Shopping», dermatólogos, cirujanos plásticos u ortodontistas; por lo que es frecuente que el individuo no consulte al psiquiatra por sus «preocupaciones cosméticas» (trastorno de la imagen corporal), sino que lo haga por la presencia de alguna comorbilidad ó al ser remitido por otro profesional de la salud. La mayoría de pacientes con TDC tienen una pobre o nula introspección, y están convencidos de que sus defectos en la apariencia son un fenómeno real y no el reflejo de un trastorno en la imagen corporal ó un trastorno mental. El simple reconocimiento de un motivo de consulta derivado del TDC puede tener un efecto terapéutico beneficioso, al lograr interrumpir un proceso inacabable de valoraciones médicas repetitivas y eliminar las consecuencias de someterse a intervenciones quirúrgicas continúas, peelings faciales, implantes de pelo o bien entrenos exhaustivos de musculación en el gimnasio.

En el manejo de los pacientes con TDC es indispensable en primera instancia hacer una excelente alianza terapéutica, utilizar estrategias motivacionales de intervención con el paciente y brindar una apropiada psicoeducación para facilitar una buena adherencia a los tratamientos disponibles.

¿QUÉ HACER?

Todos nos preocupamos por nuestra apariencia física. Pero, no nos preocupamos al grado en el que no podemos salir de la casa, tampoco pasamos muchas horas del día pellizcándonos la cara frente al espejo, o camuflando continuamente las zonas problemáticas, ni mucho menos, pensamos en abandonar el trabajo o matarnos por una pequeña imperfección (que nadie además de nosotros es capaz de notar). Si tenemos algunos de los síntomas mencionados antes; vale la pena buscar otros métodos para equilibrar nuestra vida. A continuación te dejamos algunas recomendaciones:

  1. Busca ayuda profesional. Si has pasado mucho tiempo visitando médicos de diversas especialidades tratando de corregir un «defecto» y no has encontrado una solución a tu problema; valdría la pena que consultaras con un especialista en Trastorno obsesivo (psiquiatra o psicólogo). Ellos te ayudarán a dar los primeros pasos para tu condición. No sientas vergüenza, ni pienses que estás «loco» por visitar al especialista en salud mental. El TDC bien manejado te mejorará la calidad de vida y podrás disfrutar de muchas cosas que te estás perdiendo. Los tratamientos incluyen psicoterapia, realización de tareas y empleo de medicamentos antidepresivos.
  2. Intenta seguir la prescripción médica. En la actualidad existen medicamentos que administrados en la dosis personalizada y de manera supervisada pueden aliviar tus síntomas facilitando tu mejoría. Los llamados antidepresivos inhibidores de recaptación de serotonina (ISRS) han mostrado  muy buenos resultados para el manejo del TDC. Evita automedicarte, bajar o subir las dosis sin supervisión médica. Es muy importante la interacción honesta, clara y empática con tu especialista. Él sabrá guiarte y acompañarte en los momentos difíciles.
  3. Procura siempre documentarte. Participa de foros por internet diseñados para aclarar dudas y compartir testimonios, busca libros de autoayuda que te servirán de apoyo («The broken mirror», «Trastorno Dismórfico Corporal: Un Desorden Complejo», «Dismorfofobia – El Complejo de Aparecer Feo», etc.)
  4. Aleja tu mente de los centros de estética  y  de cirugía plástica. En general, los cirujanos plásticos, dermatólogos, odontólogos están al tanto de que existe el TDC. Es muy probable que si consultas por algo «irracional», se nieguen a realizarte un tratamiento que no necesitas. Si un especialista te recomienda visitar al psiquiatra, no te sientas ofendido o menospreciado. Es muy posible que ese profesional te esté dando la clave para superar un problema que no está en la superficie y que necesita otro tipo de manejo.
  5. Desarrolla otros elementos diferentes a la apariencia física para crecer como ser humano. Analiza qué cosas te gusta hacer : ¿cocinar? ¿leer? ¿bailar? ¿escuchar música? ¿escribir? ¿aprender un nuevo idioma? ¿tocar un instrumento musical?. No desperdicies tu maravillosa vida alrededor de la belleza física. Tú vales mucho más que lo que aparentas, no lo olvides.
  6. Intenta alejarte de esas personas que viven con un radar puesto en la apariencia física. No alternes con personas que siempre se burlan o murmuran sobre quién engordó, quien es más guapo, quien está más viejo. Estas personas superficiales te darán una visión muy errónea  sobre el mundo. Escoge a esos amigos seguros de sí mismos que no andan mirando como se ve la gente.
  7. Procura no pasarte horas en el computador leyendo trucos de belleza,  viendo la apariencia de las celebridades  y buscando nuevos métodos (muchos de ellos absurdos y peligrosos) para modificar tu aspecto. Recuerda que la mayoría de las imágenes que ves son retocadas con «photoshop»  y la gente real no es perfecta.
  8. Busca rodearte de personas que sepan entender por las dificultades que pasas y sean buenos confidentes. Trata de no estar solo. Infortunadamente, muchas personas no están capacitadas para entender lo que te ocurre, y lejos de ayudarte pueden decir que eres una persona presumida, absurda y vanidosa. Esos juicios podrían hacerte ocultar lo que sientes y seguir confundido sin encontrar un norte para solucionar tu problema. Por esto es importante tener un terapeuta que te comprenda y esté de tu lado.
  9. Intenta explorar tu parte espiritual. Busca elementos que te fortalezcan por dentro y te ayuden a enfrentar la enfermedad con discernimiento. Las creencias, reflexiones y pláticas con un buen consejero espiritual, pueden facilitar la introspección y la perseverancia en el tratamiento.
  10. Necesitarás aceptar que el problema se te ha salido de las manos,  enfrentar con determinación tus miedos, ser perseverante, autocompasivo y humilde para buscar ayuda. No olvides que dejar la vergüenza al lado y tomar consciencia de tus verdaderos valores  y capacidades te permitirá encontrar una ruta válida para liberarte del lastre de la estética y de tu sufrimiento físico y mental.

Espero que este material te haya sido de alguna utilidad.

Si tienes algo para compartir al respecto con la comunidad Phrònesis, sería muy valioso para nosotros. Podríamos abrir un foro en el que debatiéramos algunos aspectos relacionados con el TDC y la fealdad imaginaria. ¿Te animas?

Por: Dra. Iris Luna
Médico psiquiatra – Máster en nutrición
Especialista en sobrepeso y obesidad
Contacto: iluna@phronesisvirtual.com

Fuentes consultadas

  1. Iris Luna M; Consideraciones clínicas y terapéuticas del trastorno depresivo mayor en pacientes con trastorno Dismórfico corporal; en: Trastornos de ánimo; 2009; Vol 5, Nº 1-3
  2. Katherine A. Phillips; The broken mirror; Understanding and Treating Body Dysmorphic Disorder; Oxford University press, 2005.
  3. David Veale and Fugen Neziroglu; Body Dysmorphic Disorder a treatment manual; Wiley-Blackwell; 2010.
  4. José Ignacio Baile; Vigorexía, cómo reconocerla y evitarla; Editorial Síntesis; Madrid; 2005.

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